26 de abril 2018
Por: Paulina Lopez

4 loncherías clásicas y fundamentales para el espíritu

Detrás de las vitrinas uno puede observar montañas de queso, viandas, teleras, jitomate cortado que después se convertirá en manjar. Dentro de las loncherías se encuentran dos elementos fundamentales para el espíritu: la sencillez y las cosas que nunca cambian.

Pensar en una lonchería es, casi siempre, dirigirse a “esas épocas” que nadie sabe realmente cuándo fueron pero están atrás y lejos. Las pocas loncherías auténticas que quedan en la ciudad cumplen esa función tan necesaria para el espíritu que es sentir que algunas cosas no han cambiado. Lo que las distingue de otros restaurantes informales es su antigüedad, desde luego (al menos un par de décadas), pero también sus muebles –sillas o cabinas cómodas, a menudo forradas de piel sintética–, su sazón y su atmósfera.

En las loncherías generalmente preparan tortas y tacos, y el servicio comienza desde la hora del almuerzo y termina a la hora de la merienda. Con tantos negocios abriendo y cerrando, las loncherías son una oportunidad para ver cuáles son las cosas que sobreviven y por qué lo hacen: porque todo es sencillo y está bien hecho. Las siguientes son 4 loncherías clásicas que nos encantan y que recomendamos mucho ir a probar. Ayudemos a que no desaparezcan.

 1. La Rambla

En un lugar tan agitado como el centro, uno siempre agradece encontrar espacios de tranquilidad. La Rambla es ese sitio en el que uno puede sentarse a comer y disfrutar de un ambiente sereno en uno de sus gabinetes rojos. La decoración no finge ser vieja; lo es. La Rambla lleva más de noventa años y son pocas cosas las que han cambiado del mobiliario. Por ejemplo, aún conservan el teléfono de monedas que utilizaban los clientes.

La especialidad de la casa es el bacalao y, a diferencia de otros restaurantes, aquí lo encuentras en cualquier temporada. La torta de pavo con queso es la favorita de la casa, mientras que la de lomo adobado es una pieza que cruje y se deshace en la lengua. Las porciones no son muy grandes y de lo buenas que están uno siempre querrá pedir más. Los precios también son algo a resaltar pues en relación con el sabor se queda corto.

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 2. Odra

Si uno pasa afuera de este lugar, no entraría. No se ve nada especial, no finge serlo tampoco. Pero una vez dentro, todo cambia. Este lugar también tiene como característica principal su decoración. Las mesas y los sillones parecen ser los originales desde que este negocio familiar comenzó hace más de 30 años. El teléfono naranja público pegado a la pared es un fantasma de otro siglo. 

Aquí sirven comida corrida que cambia a diario pero lo que recomendamos es la torta de chile relleno. Y como secreto contando a voces uno tiene que saber que esta delicia no se encuentra en la carta, se tiene que pedir directamente al mesero. La torta va preparada con frijoles, cebolla roja, guacamole, chipotle y el chile relleno capeado. Este negocio familiar es uno de los secretos mejor guardados de la colonia Tabacalera.

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3. La casa del pavo

Este pequeño local se fundó en 1901 y ha sido testigo de la historia del país. Aquí no hay solo tortas de pavo pero la verdad no querrás probar otra cosa. Los que se han atrevido dicen que la de bacalao está todavía mejor pero es que cuando uno llega al lugar y ve pasar los platos con la clásica de pavo (telerita, levemente engrasada y salseada con guacamole con rodajas de pavo) es difícil hacerle ojitos a algo más.

El sabor es increíble, además es competencia directa de La Rambla porque son vecinas, pero cada lugar tiene lo suyo. Hay que decir, sin embargo, que el hecho de que esta lonchería haya superado el siglo de vida es un infalible aval. La casa del pavo es una de las pocas leyendas vivientes en la ciudad y una lonchería que se ha ido acomodando al paso del tiempo.

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4. La Texcocana

Según las fotos colgadas en las paredes de La Texcocana, Fidel Castro probó una de sus tortas. Si la memoria no nos falla, lo mismo hizo Echeverría y hasta López Portillo iba ahí cuando era estudiante. Lo que comenzó como una tienda de abarrotes terminó siendo una de las torterías más antiguas de la ciudad. La mayoría de sus clientes son personas que venían cuando eran pequeños y los traía su familia.

Fundada en 1936 por la familia Sánchez, aquí está prohibido pedir torta de milanesa, de salchicha o cualquier ingrediente que tenga que pasarse al fuego. Aquí solo se sirven tortas frías. Recomendamos la torta de bacalao o la torta de aguacate que es simple pero deliciosa. La de paté y carnitas también son las favoritas de la casa. Todas van con un una pasta cremosa de aguacate y con jitomate y cebolla finísima, además de chipotle para el toque dulce.

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