pan piedra
4 de mayo 2020
Por: Lucia OMR

Cosas de Familia: Panificadora la Condesa (y su delicioso pan “piedra”)

La piedra no es otra cosa que un pan reciclado, lleno de sorpresas adentro. Ese era el pan preferido de la Abuela Blanca, que vivió casi 100 años. Aquí compartimos algunos de sus secretos.

Cuando yo era niña, por ahí de los años ochenta, nada me emocionaba más que una tarde de ir con mi abuela Blanca a comprar pan dulce. La excursión no era poca cosa, de hecho, hoy en día resulta muy poco probable. Aunque vivíamos en Las Lomas, mi abuela tenía la costumbre de bajar por pan dulce a Panificadora La Condesa, una panadería que estaba, y sigue estando, en la esquina de Pachuca y Juan de la Barrera. Entonces, cruzar media ciudad en la búsqueda de pan dulce no resultaba ninguna locura.

Mi abuela Blanca había nacido en Uruapan pero había llegado muy joven a vivir a la Ciudad de México donde se había adaptado sin mayor problema porque tenía un natural espíritu citadino y cosmopolita. Después de vivir en la calle Sonora, casi esquina con Insurgentes, durante sus primeros años de casada, mis abuelos se mudaron a Las Lomas, a una casa en Sierra Nevada. Cuando mi abuela enviudó era muy joven y se acostumbró a tener una vida social que la llevaba a recorrer la ciudad de un lado a otro, en su Datsun amarillo.

El paseo a La Condesa tenía más trasfondo que el pan dulce. Mi tía Marta, una de las hermanas de mi abuela, vivía justo en la calle Michoacán, juntito a la Cantina Nuevo León. El paseo incluía entonces una escala en la panadería, y otra en casa de la hermana, donde recuerdo que me sentaban en la cocina con un bolillo mientras ellas platicaban.

La Panificadora se mantiene más o menos igual que en esa época. Para entrar hay que pasar por un torniquete. Ya en el interior, el ventanal de techo a piso presume unos hermosos estantes de charolas de pan: hay polvorones de todos colores, mantecadas con su falda roja bien apretada, majestuosos condes con su gloriosa lámina de azúcar, pan con chochitos de esos que nos hacen querer ser niños otra vez, donas de chocolate y de azúcar, rebanadas cubiertas de chocolate, conchas de vainilla y de chocolate, cuernitos, trenzas, y unos magníficos pasteles de dos o tres pisos que adornan el último estante (y que fueron por años mi más grande sueño).

La piedra de Panificadora

Pero mi abuela no elegía ninguno de esos panes. Mi abuela iba siempre por su pieza favorita, la piedra. La piedra no es otra cosa que un pan reciclado. Las panaderías juntan el pan que se va quedando sin vender y lo procesan para convertirlo de nuevo en harina que luego lo vuelven a hornear. Por eso las piedras, que se ven como piedras de pan y suelen coronarse con un poco de chocolate derretido encima, pueden tener dentro todo tipo de sorpresas: texturas y sabores distintos, y algún chochito de colores perdido. Es un pan rico pero duro, y a mi abuela le gustaba porque era perfecto apara sumergir en su leche con miel.

Algunos secretos de la Abuela Blanca para vivir mejor

Mi abuela Blanca vivió casi cien años. Muchos sospechamos que su dieta jugó un papel primordial en su buena salud. Aprovecho para compartir algunos de sus secretos, incluido desde luego el pan dulce acompañado de un vaso de leche tibia, en la mañana y la noche.

  1. El agua es solamente para bañarse. Para beber hay leche, té, cerveza y tequila.
  2. La comida se empieza siempre con sopa aguada.
  3. Plátano y aguacate mejoran cualquier comida. Lo ideal es traer uno de cada uno en la bolsa para complementar una comida fuera de casa.
  4. Ante la duda: pedir un helado de vainilla y chocolate.
  5. Para beber, un Spyfinder: Tequila Herradura Blanco servido en vaso de highball con mucho hielo y agua mineral. ¿Cuántos? Como uno no es ninguno, que sean dos.

Estos días de contingencia, Panificadora La Condesa sigue abierta, aunque solo funciona la panadería y los abarrotes que operan dentro. La sección de pollos rostizados, que también es recomendable, por ahora se mantiene cerrada. El torniquete sigue en su lugar, y del otro lado esta una isla donde están los empacadores del pan, las charolas y las pinzas. Ir llenando de delicias la charola es una especie de terapia, porque si hay tiempo para sentarse a merdendar con pan dulce y un vaso de leche, seguro que todo va a estar bien.

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Cosas de familia. Esta columna nació como un recurso para contar historias en época de Covid-19 —pero no tendría porque limitarse a este tiempo—. Cuando uno no puede salir a la calle a buscar historias la memoria resulta un espacio natural donde buscar recuerdos y en todos encontré algo familiar. De ahí el título de esta sección que espero pueda evolucionar más allá de la contingencia.

Contar historias de la ciudad en la infancia también tiene un efecto sobre la ciudad que uno quiere vivir y no lo sabía. Ahora que la vida regrese a una cierta “normalidad”, estos lugares, antes perdidos en la memoria, volverán a ser importantes. Hay que ir a visitarlos. La nueva ciudad será la ciudad que nos ha hecho quererla tanto.

 

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