El otro día me apareció en Facebook esta nota: Arquitectura Tudor: 3 Casas en la ciudad que parecen de un cuento de Navidad. Le di click porque siempre he sido fan de las construcciones atípicas en la ciudad —desde la clínica del Doctor Muelita enfrente del Parque España hasta las extravagantes casas de Tecamachalco y Bosques—. En la nota hablan de tres casas: la del Ajusco nunca la había visto porque el sur no es mi zona pero las otras dos, claro que las ubico. Además del hoy extinto Churchill’s —y su casita que sobrevive en la lateral del Periférico— la tercera casa es la hoy Embajada de Corea del Sur. “Esta residencia en Lomas Virreyes es de estilo ecléctico, combinando principalmente elementos de arquitectura Gótica y Tudor Revival. La embajada de Corea no proporciona mayor información al respecto.”

Tal vez el señor embajador de Corea del Sur no lo sepa, pero esa casa estilo tudor tiene mucha historia.

—Pá, ¿verdad que tú me contaste de una rifa y la casa que parece de cuento en una esquina de Virreyes, junto a la Embajada de Brasil?—

En la noche ya tenía un par de correos de mi papá, y ¿saben qué?, la historia de esta casa es mucho mejor que la de la casa blanca de la Gaviota, aunque ambas empiezan en el mismo punto: Atlacomulco. Pero vamos por partes.

Había una vez un obispo católico…

No era cualquier obispo, de hecho, fue el primer obispo de la diócesis de Toluca. Se llamaba Arturo Vélez Martínez y había nacido ni más ni menos que en Atlacomulco. El obispo creció en casa de su primo, Alfredo del Mazo Vélez (1904-1975), aunque ojo aquí, no hay que confundir con Alfredo del Mazo González (1943-2019) y Alfredo del Mazo Maza. Abuelo, papá e hijo, los tres Alfredos del Mazo fueron —o son— gobernadores del Estado de México. Así que el obispo estaba bien conectado, políticamente hablando.

Pero, regresemos a la casa estilo tudor de Virreyes, ahora Embajada de Corea del Sur en México. Recién nombrado obispo, Vélez Martínez se dio a la tarea de terminar de construir la catedral de Toluca, una obra que llevaba años parada (desde 1867). Al obispo se le ocurrió ponerse a juntar fondos para la obra y según logró rastrear, fue nada más y nada menos que María Izaguirre de Ruiz Cortines, esposa del entonces Secretario de Gobernación y futuro Presidente de la República, la que ayudó al obispo a organizar rifas, sorteos y eventos para recaudar fondos. Pero la estrella del acto benéfico fue la Mansión de Las Lomas, cuya rifa se anunció por todo lo alto en las páginas de Excélsior.

La rifa de la mansión tudor

Según se acuerda mi papá, comprar un boleto tenía su mérito.

—Costarían algo así como 500 pesos de ahora, y me acuerdo que le compramos a una hermana de mi mamá también. No era barato—

Si ustedes pensaban que aquí acababa el chisme, se equivocan.

Resulta que nunca hubo rifa. Ni sorteo, ni nada. Y la gente empezó a quejarse. Tanto así que tuvo que intervenir un despacho de abogados para descubrir qué había pasado con todos esos fondos recaudados.

El abogado al que le encargaron el caso era un joven llamado José López Portillo quién no sabemos si ya se imaginaba como presidente de la república. Muchos años después, López Portillo publicó en sus memorias (Mis Tiempos, 1988) y parece que en el libro recuerda aquella investigación, en un capítulo del libro que lleva por título “Asuntos importantes de la catedral de Toluca o la grande y triste rifa por la catedral”. El obispo por poco y va a dar a la cárcel pero alguna intervención política lo salvó y pudo dedicarse a su nuevo negocio, la hotelería. La historia del obispo podría seguir, pero esta es la historia de la casa estilo tudor de Virreyes y no la del señor Vélez.

Pasaron los años y la casa —que a mí me sigue pareciendo más un castillo que una casa— se mantuvo abandonada, como en una burbuja, en la cuchilla que forman dos calles: Lope Díaz de Armendariz y Hernán Cortes. Del lado de la calle que tiene el nombre de virrey está primero la Embajada de Brasil y luego un puente sobre la barranca, que en Google Maps aparece como Lugar Secreto Especial y que bien amerita otra historia completa. Del otro lado, y si mi memoria no me falla, estaba la casa de Corona del Rosal, el que fuera regente de la ciudad cuando la matanza del 68.

casa tudor

Hubo una época que el sentido de las calles permitía hacer una vuelta medio peligrosa, y justamente por eso choqué con unos guaruras hace unos 20 años. Me acuerdo bien que entonces la casa no era embajada y también que, si no fuera por mi hermano, creo que me hubiera peleado a golpes con ellos.

La Embajada de Corea del Sur

Un día la casa-castillo tudor amaneció convertida en Embajada de Corea del Sur, con su Taegeukgi en la puerta. Calculo que esto pasó hace unos 15 años pero tampoco estoy muy segura (¿algún ocioso además de mi papá allá afuera que tenga memoria?). Quién diría que la casa estilo tudor que mi abuela y mi tía soñaban con ganarse en la rifa terminaría convertida en la improbable Embajada de Corea del Sur y que un día de junio del año 2018 sería tomada por aficionados mexicanos agradecidos tras el triunfo de los coreanos sobre los alemanes que nos aseguró el pase a la segunda ronda. Todas estas historias tendrán que esperar, pero, por ahora, tal vez al embajador Suh Jeong-in le divierta enterarse de todo el chisme que rodea a su pequeño castillo estilo tudor.

 

Más Cosas de Familia aquí