enomoto
27 de octubre 2018
Por: Carolina Peralta

Los desayunos japoneses, minimalistas, de Enomoto Coffee

En Enomoto Coffee, que por la noche es Tachinomi Desu, ofrecen café bien hecho, té verde y sandos: sandwiches deliciosos, perfectos.

Quien conoce Le Tachinomi Desu sabe que es u bar de lo más encantador. Que es básicamente una barra donde no caben más de 20 personas y todos beben parados –porque no hay sillas– vino natural, whiskey japonés, comida deliciosa. Desde hace poco tiempo, Tachinomi también abre en las mañanas como Enomoto Coffee y sirven el desayuno más delicioso.

El concepto es una suerte de kissaten, las casas de té/cafeterías que surgieron en la Era Showa japonesa, a principios de siglo XX. Desde las 8 de la mañana, detrás de la barra de Enomoto, los baristas despachan café, té verde y sandwiches, para llevar o para comer allí mismo, en la barra de mármol que es protagonista del lugar. Todo está cuidado, incluso contenido, porque no podría ser de otra manera. Como en todos los restaurantes de Rokai, se nota la mano prolija de Edo Kobayashi, su creador.

El café varía pero generalmente es una mezcla chiapaneca, veracruzana y oaxaqueña. Lo preparan espresso en una Marzocco o aeropress. Tienen sus especialidades o inventos: enomoto latte, que lleva leche infusionada con ajonjolí, el espresso mojito es un mojito pero con café y el espresso tónico; o sea, café con agua tónica. También sirven carajillos toda la mañana –sí, desde las 8–. El matcha lo traen, claramente, de Japón. El enomoto matcha va con leche infusionada con hoja de higo y en las rocas.

Finalmente, los sandos: sandwiches japoneses, perfectos, esponjosos, cuadrados y minimalistas. El favorito es el tonkatsu, de pan blanco “de caja” artesanal y cerdo empanizado con salsa tonkatsu. Así, sencillo. El tamago es el omellete japonés; también lleva mayonesa estilo japonesa y dashi (sake dulce). El pesto aguacate –no faltaría el avo-toast– lleva pesto de shiso, mucho parmesano y pimienta. La orilla es tan crujiente.

Enomoto no deja nada que desear. Cumple lo que precisa: ser una cafetería japonesa con buen café y sandwiches que no son mucho más que la conjunción de buen producto y el legado de una gastronomía poco conocida en esta ciudad. Por lo tanto una experiencia –que quien ame Japón no se debería de perder. Por $100 o $120 pesos uno sale contento y satisfecho.

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