5 de febrero 2019
Por: Carolina Peralta

Helus: una fonda de comida libanesa exquisita y casual

Al fondo de un edificio en R. del Salvador, entre textiles y papelerías, está Helus, una miscelánea y fonda libanesa que huele a hojaldre y miel.

En Mesones 90, entre tiendas de telas con nombres propios libaneses, mercerías y estacionamientos, hay uno de esos edificios que pasan desapercibidos. Pero del fondo emana un olor a hojaldre y miel. También a café muy tostado. Viene del Helus, una fonda de comida libanesa exquisita y casual que también es panadería y miscelánea de productos árabes de la mejor calidad. El lugar está avalado por libaneses que llegaron a México hace casi un siglo; por sus hijos y los hijos de sus hijos.

Helus es  pequeño, color verde menta bajo luz blanquísima; involuntariamente estético (tiene ese encanto raro que pueden dar los años). Casi no hay decoración, acaso unas figurillas de San Charbel, la bandera del Líbano y el cuadro de algún paisaje lejano, y tan sólo hay 5 mesas para dos, que suelen estar ocupadas por parejas de ancianos, estudiantes vecinos o comerciantes de esta zona del Centro –esas segundas y terceras generaciones de libaneses que (menos que antes) frecuentan los restaurantes de nuestro “Pequeño Líbano”.

A diferencia del Al Andalus, donde las mesas –llenas de platillos para compartir– suelen parecer banquete oriental, en Helus todo es más casual. El menú es variado, como la comida libanesa misma, y las porciones justas. Hay más de 50 platillos entre empanadas, guarniciones  (pan con zatar, orden de jkebbe bola…), shawarmas y postres.

Para comer económico y comer bien lo mejor es pedir los paquetes de comida corrida. Vienen en un plato blanco,  ovalado, con 7 porciones de recetas árabes: arroz con lentejas, berenjenas, hummus, tabule, jocoque seco y líquido, y un platillo principal a elegir que puede ser empanada, shawarma, kebe bola, hojas de parra, calabaza rellena que tienen el sazón casero. Uno come así por $120-$155 pesos.

El olor de los postres y el café es irresistible. Tanto que algunos llegan a Helus sólo por esa razón. En busca de eso que huele tan bien. Por lo tanto, lo preciso es terminar la comida con estas delicias (dulcísimas) de nuez, dátil, miel. Y acompañarlo con un café bien tostado, a la vieja usanza.

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