comida sonorense
29 de mayo 2019
Por: Carolina Peralta

Ruta de comida sonorense en la Ciudad de México

Un recorrido por los mejores rincones para comer y añorar Sonora en la ciudad, donde los protagonistas son los mariscos, la carne, la tortilla y el sazón.

[[Acaba de salir nuestra nueva guía impresa sobre la Ciudad de México (!), y el tema es el más rico de todos, del que todos hablamos todos los días: la gastronomía. Esta ruta de comida sonorense en la ciudad forma parte de ella, pero el libro impreso Local, edición especial de gastronomía ya está también a la venta en nuestra tienda en línea y en librerías.]]

Los recuerdos más esenciales de un sonorense están en el taco de tortilla de harina con mantequilla y sal. En el frijol puerco y el queso oreado. En el caldo con chiltepín —chile redondo y colorado— ardiente como el mismísimo infierno. En el bochornoso ritual de la carne asada; en prender la leña del mezquite mientras el hilo de sudor escurre por la frente. En hacer la salsa y el guacamole y sentarse a beber sobre una hielera llena de Tecates friísimas, a sabiendas de que cada diez minutos habrá que levantarse a repartirlas. En las tostadas de mariscos, rebosantes y frescas, o en el taco de madrugada.

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Cevicheve Sinaloense

Heriberto Frías 849, Narvarte; 044 (55) 1916 0536; FB: Cevicheve Sinaloense

Nada, ni el calor o el cantadito en común difumina tanto los límites entre Sonora y Sinaloa como lo hace la cultura del marisco: la comida, la música y la formas de convivir que lo rodean son parte indisoluble de su gastronomía. En la Narvarte Poniente está Cevicheve, otro hallazgo sinaloense. Su dueño, el Piri, tiene el trato campechano y la extravagancia de un guasavense. Su lugar es pequeño, y casi todo sucede en la banqueta, en mesas de madera que suelen ocupar los vecinos que se conocen entre sí o norteños exiliados que toman una cheve tras otra. El ambiente es rebosante y fácil, como la comida. Las tostadas que el Piri prepara son generosas, por no decir que son torres imposibles de mariscos frescos. Pero la especialidad, quizá más que las tostadas o los aguachiles, es la cerveza que sirven bien helada y preparan en micheladas, Clamato y hasta camarones, como la Prietona o la Michcevicheve: una alquimia de salsas que recomendamos probar.

Los Arbolitos de Cajeme

Euler 17, Polanco; 8112 5285; mariscoslosarbolitos.com

Para expertos en llevar el Mar de Cortés al país están Los Arbolitos de Cajeme. Este restaurante, que comenzó con un triciclo y una hielera llena de mariscos en Ciudad Obregón, después de casi 30 años tiene 13 sucursales en varios estados. En la Ciudad de México está en la calle de Euler, en Polanco. Es un salón amplio con paredes de bambú y música (muy alta). En este lugar sirven los mejores toritos, un invento de aquellas tierras que no se encuentra mucho ni muy bueno en la ciudad: chile güero relleno de camarón o marlín semifrito, bañado en salsas negras. El platillo más pedido es el pulpo a las brasas, y entre las tostadas, la favorita es la extraoficial: la “cachoreada”, con caracol, callo y base de marlin, que originalmente es de jaiba, pero que reemplazan, pues difícilmente llega fresca la jaiba a la ciudad. Por detalles como este último, la calidad es extraordinaria. El callo de hacha es un ejemplo claro de ello; más de la mitad de la producción de callo en México es del litoral sonorense y en la canícula de verano es escaso y de menor calidad, así que Los Arbolitos lo suspende.

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El Moustrón

Dr. Vértiz esq. Esperanza, Narvarte; 5519 3437; sucursales: FB: Moustrón

Otro hallazgo verdaderamente rico es El Moustrón, un restaurante especializado en tacos sebosos (carne asada de sirloin con manteca) y hot dogs estilo Sonora, que por su pan vaporoso y su tocino Rosarito son especiales.

El Moustrón lleva cuatro años en la ciudad y tiene tres sucursales. La primera en Tlalpan, la segunda en la esquina de Esperanza y Dr. Vértiz, en la Narvarte, y el último en Metepec. El de la Narvarte es un espacio naranja (muy naranja) con mesas de madera y música de banda. Los dueños son de Ciudad Obregón y uno de ellos, carnicero, tenía un carrito de hot dogs antes de venir a probar suerte en la ciudad, donde sin duda la tuvo. El Moustrón está lleno todos los fines de semana, hasta pasada la media noche.

Los hot dogs están hechos como en Obregón: pan artesanal vaporoso, parecido a un bun, salchicha de res o pavo envuelta en tocino Rosarito –marca local sonorense–, jitomate picado, cebolla caramelizada, mostaza, cátsup y mayonesa al gusto. Puede llevar queso Chihuahua, salsa huichol o como diez toppings diferentes para cubrirlo. Y por más que se rellene de jalapeños, queso amarillo, champiñones con pepino y soya o salsas, no se rompe.

Los tacos, por su lado, son de carne asada fresca, de sirloin para ser exactos, que traen directamente de Hermosillo cada tercer día, igual que las tortillas de maíz y trigo, y el chile colorado; una mezcla de chile Anaheim seco y especias, muy tradicional. Toda la carne y las tortillas se sazonan con la misma grasa del sirloin, en eso consiste lo “seboso”.

La brujita es el taco de carne asada, queso Chihuahua, repollo (col, en argot sonorense), jugo de tomate y salsa picante. La Lorenza, de tortilla semidorada de maíz, con queso Chihuahua, frijoles puercos y top sirloin. El zomby es de carne asada con repollo. Y, por supuesto, están los burros, que se hacen con tortilla de harina gigante, más delgada que la común, llamada sobaquera o de agua. El burro de carne con chile, que lleva carne de res, frijoles puercos y chile colorado, sin duda es el mejor.

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Arre Sonora

Isabel la Católica 546-B, Álamos; 6796 4301; FB: Arre Sonora

En la colonia Álamos hay un restaurante que también sirve un estilo de comfort food norteño: Arre Sonora. Tiene una carta amplia con platillos caseros que pocas veces se encuentran fuera de una cocina sonorense. Gallina pinta, caldo de queso o capirotada, que sabe a miércoles de ceniza y viernes santo en la sierra. No faltan los frijoles charros, de frijol bayo, que dan de cortesía.

La gallina pinta es una suerte de pozole; un caldo espeso de carne (costilla y chamberete), maíz nixtamalizado y frijol bayo con chile Anaheim y una sazón extraordinaria. Por su parte, el caldo de queso se sirve solamente los fines de semana; es una sopa ranchera con queso fresco, papa y chile verde.

A diferencia del Moustrón, aquí los tacos no son sebosos sino de asada, a la parrilla, pero los preparan de un modo similar. Hay tacos de rib eye o cortes sonorenses, como la cabrería, que es filete de res, o el diezmillo, que equivale al bistec. Un taco especial es el caramelo de cabrería, de tortilla de harina con carne y queso. Aquí hay muchas variedades de burritos, pues hay de machaca, carne con chile colorado, chorizo con papa, frijol maneado o carne asada.

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Rancho El 17

Av. Presidente Masaryk 515, Polanco; 5280 5734; ranchoel17.com

Para finalizar, o vivir la experiencia culinaria sonorense más completa, se necesita un jardín. La carne asada no es la carne en sí, sino el evento, la reunión. En su modalidad urbana se prepara en un balcón o azotea, con los productos del Rancho el 17, que hace algunos años abrió una boutique de carnes en Masaryk. El 17 vale la pena por su calidad y variedad; uno encuentra desde una cabrería hasta un Tomahawk, machaca, chiltepín y tortillas.

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