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Hace ya 25 años que Vreni Häussermann —laureada con un Premio Rolex a la Iniciativa en 2016— descubrió un fascinante bosque submarino.

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En la Patagonia chilena, cuyos litorales alcanzan los 100,000 kilómetros de longitud, se alzan imponentes montañas nevadas, se extienden lagos cristalinos y el océano guarda secretos milenarios. Es una región de vientos helados, enormes glaciares y bosques frondosos. El clima desafiante y la geografía remota por mucho tiempo ayudaron a preservar el equilibrio natural de la región y sus ecosistemas, pero hoy los efectos del cambio climático y de la actividad humana son evidentes incluso ahí, en el límite austral de la Tierra.

La estación científica de campo Huinay, ubicada en una aislada región de los fiordos patagónicos chilenos. Foto: © Rolex/Ambroise Tézenas.

Aunque esta región del planeta aún se considera uno de los últimos reductos de la vida silvestre, Vreni Häussermann, bióloga marina germanochilena, ha sido testigo del incremento en la tasa de mortalidad de las especies dominantes. Su equipo encontró 337 ejemplares de rorcual norteño —un enorme cetáceo en peligro de extinción— varados en la playa. Medusas, salmones, sardinas, moluscos y diversas especies de corales, por mencionar algunos especímenes, han perdido hasta 75% de su población, sin que las causas específicas sean del todo claras. Los asentamientos humanos han crecido exponencialmente y, con ellos, la industria de la piscicultura, la pesca, la polución y la desoxigenación de las aguas, y eso sin mencionar los cambios derivados de la crisis global que muestra sus efectos incluso en los rincones más insospechados del mundo.

Vreni Häussermann, bióloga marina laureada en 2016 con un Premio Rolex a la Iniciativa. Foto: © Rolex/Tomas Munita.

Para Häussermann, atacar este conjunto de problemas y conseguir la protección de esta región es una prioridad, pero para eso es necesario atender una situación de fondo: el desconocimiento. Cuando llegó a la Patagonia hace más de dos décadas, encontró decenas de especies marinas sobre las que no había información. Hacía sesiones de buceo, en las que alcanzaba los 30 metros de profundidad, con el objetivo de recabar muestras e imágenes que ayudaran a llenar ese vacío. Pronto se dio cuenta, sin embargo, de que no era suficiente. Los fiordos patagónicos alcanzan los 1,300 metros, una profundidad de inmersión imposible para un humano que desee enfrentarse a lo desconocido con un tanque de oxígeno como toda herramienta.

Los fiordos patagónicos, el foco de la investigación de Vreni Häussermann, son un punto de interés de biodiversidad. Foto: © Rolex/©Vreni Häussermann & Günter Försterra.

Cuando se hizo acreedora a un Premio Rolex a la Iniciativa, Häussermann pudo poner en marcha un vehículo operado remotamente (ROV, por sus siglas en inglés), el cual es de gran ayuda para sumergirse en las lóbregas hondonadas marinas, ahí donde no llega siquiera la luz solar. Se trata de un robot sumergible, equipado con una cámara y un brazo mecánico que permite recolectar muestras a una profundidad de 500 metros, aunque se espera que pueda llegar incluso más lejos.

El equipo de Huinay coloca el ROV en el agua que está listo para explorar. Foto: © Rolex/Ambroise Tézenas.

Diferentes bosques marinos, cada uno poblado por especies distintas, se han revelado ante la mirada de Häussermann, y en ellos destaca la variedad de corales de agua fría, hidrocorales, gorgonias, especies que dibujan un paisaje inusual, muy diferente a la idea de que los arrecifes coralinos se encuentran solamente en las regiones tropicales. Son tanto o más abundantes que los tropicales, y tan importantes también para el equilibrio de los ecosistemas marinos. Häussermann espera que el conocimiento sobre estas especies fascinantes llegue a todo el mundo, y por eso pone sus hallazgos a disposición de la comunidad científica y el público en general. Entender la variedad, la importancia y la belleza de lo que habita bajo la superficie es la mejor defensa, el argumento más sólido a favor de su protección.

Anémonas de mar (Actinostola Chilensis) en el lecho marino. Foto: © Rolex/©Vreni Häussermann & Günter Försterra.

Gracias a la incansable labor de Häussermann, hoy se ha logrado la identificación de 70 especies sobre las cuales no existía información; unas 100 o 200 más están en ese proceso. Hay un enorme tesoro de vida submarina aún por descubrir. En el entendimiento de sus secretos, así como en la comprensión de las consecuencias de la acción humana sobre sus ecosistemas, está la clave de la protección.

Vreni Häussermann, después de una inmersión, en el laboratorio húmedo de la estación científica de campo de Huinay, Chile. Foto: © Rolex/Ambroise Tézenas.

Häussermann también lleva esta información —en forma de libros, películas, exposiciones e imágenes— a los tomadores de decisiones. El mensaje es muy claro: la Patagonia es un punto de interés de biodiversidad y es necesario generar estrategias de conservación. Su campaña permanente busca la creación de una red de al menos 25 Áreas Marinas Protegidas. Hoy hay 10, y mucho trabajo por hacer, en especial en lo que se refiere a las prácticas de la industria piscicultora, que en esta región está centrada en la cría de salmón.

Vreni Häussermann recolecta una mini estrella de mar (Solaster Regularis) para analizarla en la estación científica de Huinay. Foto: ©Rolex.

“Estamos en peligro de destruir un tesoro que ni siquiera conocemos”, dijo Häussermann en 2016. A ello, en 2021, tan enfocada como el primer día en su misión, agregó: “Es vital que entendamos las consecuencias de nuestros actos. Y sólo podemos saber cuáles son estas consecuencias si conocemos los ecosistemas que se ven afectados. De no ser así […] se perdería una zona patrimonio de la humanidad”.