Con el respaldo de la iniciativa Perpetual Planet de Rolex y la National Geographic Society, Angelo Bernardino y Margaret Owuor —ambos exploradores de National Geographic— trabajan con el objetivo de desentrañar los secretos de uno de los ecosistemas más desconocidos del planeta: los intrincados manglares que crecen en la desembocadura del río Amazonas en Brasil.

La Exploradora de National Geographic Margaret Owuor junto al río Muriá, vecino del manglar de Curuça. Se encuentra allí con el explorador de National Geographic Angelo Bernardino para investigar la importancia de los manglares para la población local y la fauna salvaje. Foto: Pablo Albarenga/National Geographic

Bernardino —especialista en ecología marina— equipara la riqueza biológica de la costa amazónica, de la que no se habla con demasiada frecuencia, con la fabulosa biodiversidad de la selva, que en el imaginario colectivo es sinónimo de verdor y abundancia. En las regiones costeras, apunta, crecen los manglares, especies arbóreas que se pueden identificar por sus raíces expuestas y enredadas, y que constituyen un hábitat ideal para peces, cangrejos y otros animales. Estos bosques son capaces, además, de almacenar grandes cantidades de carbono; hay evidencia de que, en esta región del mundo, captan más del doble por metro cuadrado que la propia selva.

Los exploradores de National Geographic Thiago Silva y Angelo Bernardino recogen datos de los manglares del Amazonas. Bernardino registra datos mediante técnicas de medición estándar, mientras que Silva utiliza tecnología láser para crear modelos tridimensionales de la selva. Foto: Corey Robinson/National Geographic

Sin embargo, pese a los “servicios ecosistémicos” que proveen, y a que las comunidades aledañas dependen del funcionamiento sostenible de este ecosistema, la ciencia sabe poco sobre él. Y esa, justamente, es la misión de Bernardino y Owuor como parte de la Expedición Perpetual Planet de Rolex y National Geographic al Amazonas, la cual, mediante siete equipos científicos con distintas especialidades e intereses, recorre la cuenca de este imponente río en busca de respuestas.

Los exploradores de National Geographic Angelo Bernardino y Margaret Owuor entrevistaron a la población local para conocer la importancia de los manglares en sus comunidades. Foto: Corey Robinson/National Geographic

Como parte de esta intensiva misión de dos semanas, tras la que buscan entender con precisión la función ecológica del manglar y su vínculo con las poblaciones asentadas en las cercanías, Bernardino, Owuor y su equipo tomaron muestras del suelo, lo que permitirá entender mejor las dinámicas de almacenamiento de carbono. También están estudiando la manera en que las raíces ayudan a limpiar el agua de posibles elementos contaminantes. Estas observaciones, en un escenario de cambio climático como el que enfrentamos en la actualidad, resultan urgentes, pues estos ecosistemas se enfrentan de manera directa a amenazas como el aumento de la salinidad del agua y la subida del nivel del mar.

Una expedición de esta naturaleza no es nada sencilla: la Pororoca, por ejemplo, es una marea que puede llegar a los cuatro metros de altura, capaz de hundir cualquier embarcación; las lluvias son constantes; las nubes de mosquitos no dan tregua… Pero ha valido la pena. Uno de los hallazgos más importantes que hasta ahora ha arrojado esta misión de exploración científica es el descubrimiento de inesperados manglares de agua dulce. La especie siempre se ha asociado al agua de mar, y, en este caso, el descubrimiento ha echado luz sobre su gran capacidad de adaptación en un medio que carece de salinidad.

Amanecer sobre el río Muriá en Curuçá. Aquí, los exploradores de National Geographic Angelo Bernardino y Margaret Owuor trabajan con las comunidades locales para estudiar los manglares y comprender la importancia de este ecosistema único. Foto: Pablo Albarenga/National Geographic

Owuor, quien es científica ambiental, enfatiza la relevancia de trabajar directamente con las comunidades en este proyecto, pues nadie conoce el valor de los manglares tanto como las personas que viven ahí, especialmente los pescadores, cuyo sustento depende de la salud del ecosistema. Por ello, la realización de entrevistas fue muy importante en la expedición, y la propia Owuor dirigió la parte comunitaria del trabajo.

Mientras los focos se posan en otros ecosistemas que también requieren protección, Bernardino y Owuor han trabajado para colocar, mediante esta exploración en profundidad, un gran reflector sobre los manglares amazónicos, con el mensaje de que necesitan ser protegidos de manera urgente: “Mi sueño es que un día todos nos demos cuenta de que este mundo es para todos nosotros, y que realmente necesitamos trabajar juntos para protegerlo —asegura Owuor—, no solo para nosotros, sino para las generaciones futuras”.