La semana pasada, el gobierno de la Ciudad de México declaró obligatorio el uso de tapabocas en espacios públicos. Sin embargo, sigue la controversia entre los partidarios y los críticos de la medida. El mismísimo zar anticoronavirus, Hugo López-Gatell, le entró al quite, dedicándole buena parte de una de sus conferencias de prensa diarias a reafirmar su postura de que el tapabocas es inefectivo e innecesario.

¿A quién de las autoridades y expertos le hacemos caso, entonces? ¿Por qué es tan difícil ponerse de acuerdo respecto a un gesto tan pequeño como taparse la nariz y boca con un pedazo de tela? ¿Qué tiene que ver con todo esto el diseño?

Entrada vs. salida

La controversia sobre el uso del tapabocas es, en esencia, un problema de diseño. Específicamente, un problema de función. Uno de los principios básicos del diseño es que a cada objeto le corresponde una función. El problema viene cuando hasta la cosa más rudimentaria, como sucede por lo general, acaba por tener más de una.

Algunas personas, como López-Gatell, consideran que la función primordial del tapabocas es actuar como barrera para que el usuario evite contagiarse (entrada). Piensan en tapabocas y piensan en EPI, un término que se usa en el medio sanitario para referirse a los equipos de protección personal o individual. El EPI consiste en una serie de objetos, prendas y accesorios (guantes, gogles, caretas, trajes desechables, y máscaras quirúrgicas o N95) que protegen a los portadores; por lo general médicas, enfermeros y personal de salud que están en contacto cercano con pacientes infectados.

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Pero los tapabocas también cumplen con otra función (salida): evitar que una persona infectada —tenga o no síntomas— ande p’arriba y p’abajo salpicando y propagando COVID-19 al toser, estornudar, hablar por celular, echar carrilla con los amigos o gritarle al novio en el metro. López-Gatell compartió algunos estudios en su conferencia donde comprobaba que el uso del tapabocas parecía no ser útil para evitar contagiarse. Pero no compartió otros estudios que comprueban que hasta taparse la boca con un pedazo de algodón puede reducir de forma dramática la cantidad de gotitas de saliva y partículas de virus que vamos repartiendo por el mundo a través de la boca. (Una excelente referencia que presenta estos estudios y prueba la utilidad del uso del tapabocas se publicó hace poco, en inglés, en The Atlantic. Les recomiendo ampliamente que lo lean, y echen un vistazo a toda su cobertura del COVID-19, de acceso gratuito durante la crisis.) Si todes nos tapamos nariz y boca con un pedazo de tela cuando salimos a la calle a pasear al perro, cuando vamos en transporte público a llevarle medicinas a la abuela o cuando hacemos el super de la quincena, contribuimos de manera colectiva a reducir los contagios. Quizás no tanto como si nos quedamos en casa y no salimos, pero si tenemos que salir, mejor que sea enmascarados.

Tapabocas “de diseño”

Los diseñadores tienen el hábito —a veces bueno, a veces malo— de querer responder a cualquier tipo de situación, crisis o problema haciendo cosas. Por lo general es con buena intención, aunque no falta el listillo que busca beneficiarse ante cualquier coyuntura, o por lo menos satisfacer su ego. La vida de diseñador es una repentina eterna, siempre en modo entrega, esclavos de la solución creativa.

tapabocas de diseño

Tapabocas de Básicos de México

tapabocas de diseño

Tapabocas de Básicos de México (B.S.C.S.mx) Los encuentras aquí.

Lo primero que se les ocurrió a varios diseñadores frente al COVID-19 fue ponerse a hacer tapabocas. Los techies sacaron las impresoras láser y los routers y se pusieron a fabricar diademas de plástico y caretas, siguiéndole la corriente a los makers europeos y gringos, compartiendo patrones y soluciones open source. Otros mantuvieron su línea más artesanal, y reorientaron parte de su producción manual a fabricar cubrebocas. Siguiendo su filosofía de prendas básicas de producción local y maquila justa, B.S.C.S.mx lanzó una línea de cubrebocas sencillos, de algodón, poliéster y propileno, junto con un esquema de donación a personas vulnerables (5 x $430.00 pesos, y donan 10). Menos low-key los de The Pack, una línea de moda masculina, de lino en varios colores, con filtros intercambiables ($10 USD c/u).

tapabocas the pack

Tapabocas The Pack / Los encuentras aquí.

Más interesante, quizás, sea la propuesta de Carla Fernández, #PontelaMáscara. En colaboración con la marca de cerveza Victoria, la diseñadora conocida por sus colaboraciones con artesanos y su activismo promotor de lo hecho a mano, fabricará más de 50 mil tapabocas reutilizables de algodón que serán donados por Victoria, impresos con patrones de máscaras rituales tradicionales. También se podrán comprar, y 25% de las ventas de cada diseño (el costo por caja de 10 tapabocas es de $1,000.00 pesos) se va directo al maestro artesano que hizo la máscara original. De esta manera, de acuerdo con los promotores del proyecto, se apoya a 59 familias, incluyendo a los artesanos y 13 costureras que colaboran con la marca.

carla fernandez

Campaña Victoria de Carla Fernández

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Campaña Victoria de Carla Fernández

tapabocas

Campaña Victoria Carla Fernández. Los puedes encontrar aquí.

La miscelánea: tapabocas para todes

El bombardeo informativo del COVID-19 ha detonado también un abanico de producción cultural de toda calaña, desde manifiestos de artista hasta memes, cumbias y piñatas. Los tapabocas no han sido excepción. Aquí una selección de curiosidades y antojitos para surtir su despensa digital.

Isaías Huerta, ex-luchador y creador de tapabocas

La lucha contra el covid al cuadrilátero.

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2020

Una campaña postapocalíptica de Dorian Ulises López Macías y Ricardo Arenas.

Latino Couture 

Vibras pandémicas por Sánchez-Kane.

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Tradición y técnica

Artesanas mixtecas crean cubrebocas de palma.

 

“I’d like to keep it on, please”

Vuelve Valentina.