Si se tuviera que escribir un texto sobre la exhibición de Ulises Carrión haciendo honor al artista, probablemente no se escribiría de esta manera: un texto común publicado en un sitio web, con sus frases, sujetos y verbos, puntos y comas, en un formato regular y con un sentido claro. Ulises Carrión era el escritor que no quería serlo, el artista que renegaba del museo y el mexicano que no se sentía como tal. Todos estas contradicciones sobre el artista se funden en la nueva exhibición del Museo Jumex, Ulises Carrión. Querido lector. No lea, cuyo título es una contradicción en sí misma. Parece complicado pero es al revés: al final del recorrido, Ulises resulta un artista concorde, racional y más cuerdo que ninguno.

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Izq: © Ulises Carrión
. Tabla, 1977
. Tinta manuscrita sobre papel y sobre cartón | Der: Cartel para los performances Mail Art and the Big Monster y Names and Addresses, 1979. 
Impresión sobre papel. © Centro de Documentación, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

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San Andrés Tuxtla, en Veracruz, vio nacer a Ulises Carrión en 1941. Pero no le vio crecer. Pasó de la Ciudad de México (donde estudió en la UNAM), a Francia, de ahí a Alemania, después a Inglaterra y más tarde a Ámsterdam, Holanda, en donde murió prematuramente en 1989. Ámsterdam era en ese momento una ciudad cosmopolita que protegía a sus artistas concediendo becas mensuales a los que allí se alojasen. Ulises, quien disfrutó de esta beca, quiso empaparse de la modernidad de la ciudad, dejando a un lado el clima político y social mexicano del que no se sentía parte. Resulta curioso que Carrión, quien publicó como escritor dos libros en México hacia el final de la década de los 60 y los cuales fueron acogidos muy bien por la crítica mexicana del momento, decidiera irse. Pero lo hizo. En palabras de Joâo Fernandes, subdirector del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid, museo que acogió la muestra antes de su llegada a México:

“en realidad Ulises no quería ser rehén de su pasaporte. Quería ser y se convirtió en un artista universal. Todos los artistas son países en sí mismos. Su pasaporte es sólo una huella digital”.

De su tiempo en México, Ulises Carrión heredó importantísimas amistades como la que hizo con Octavio Paz, con quien se carteó a principios de los 70 y cuya correspondencia expone ahora el Museo Jumex.

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© Ulises Carrión. 
Libellus. Una publicación de arte correo mensual, 1981. Impresión sobre papel
. Archive for Small Press & Communication, 
Centre for Artists’ Publications. Weserburg, Bremen.

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Cuando Ulises rompió metafóricamente su pasaporte, rompió de manera real con su manera de ver la literatura. Dejó de considerar las formas establecidas de la escritura y empezó a crear unas nuevas. Pensaba que existían muchas maneras diferentes de contar una historia que no tuviesen que ser las tradicionales. Esto lo mostró en sus obras, como en Tell Me What Sort of Wall Paper Your Room Has and I Will Tell You Who You Are (1973), un libro hecho con hojas de papel tapiz y sobre ellas, en cada pliego, el nombre de la persona que habitaba la habitación que tenía dicho papel en las paredes. O Conjugation (Love Stories) (1973) donde Carrión propone conjugaciones de verbos a modo de poemas que cuentan una historia de amor. “I loved. I don’t love. I’ll love” es uno de ellos.

Esta práctica literaria, que Carrión unió también a la performance y al video, comenzó a utilizarla por la libertad que le caracterizaba y su nueva concepción de la literatura. Según explica Guy Schreaenen, amigo de Ulises y curador de la exhibición:

“él escribía de esta forma pensando que su trabajo ayudaría a extender las maneras de escribir”.

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Este ensanchamiento de la concepción de la escritura le llevó a escribir en algún momento que “los escritores no escriben libros sino textos” y, como comenta Schreaenen, estos pueden ponerse en cualquier soporte. De ahí que Ulises crease obras como A Book (1978), un video donde se muestran una manos rompiendo un libro página por página y otras manos que recuperan estas hojas rotas y las van superponiendo creando un libro nuevo. Un libro igual de válido para Ulises que cualquier otro reconocido por la literatura universal. De esta libertad de la que el artista se vale habla Joâo Fernandes:

“la libertad permitía a Ulises hacer libros sin ser escritor o hacer performances sin ser actor. Él cruzaba la vida con el arte. Es más, decía que no había separación entre arte y vida porque solamente existía la vida”.

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Teniendo en cuenta estos factores, es normal que a lo largo de la historia se le haya considerado uno de los artistas conceptuales mexicanos más importantes y una figura de culto para los jóvenes del mundo del arte. Además de otorgar esta libertad de creación, igualó disciplinas haciendo posible las transiciones entre unas y otras. De hecho, fundó en Ámsterdam una librería pionera para su época, Other Books and So (1975), la cual duró cuatro años y donde Ulises vendía extraños y exclusivos libros de artista. Una vez cerrada la librería, creó un archivo donde se documentaron estos libros y, gracias a eso, muchos de ellos pasaron a la posteridad. Pero la paradoja aflora una vez más en la vida de Ulises dado que a pesar de haber tenido esta librería, de publicar libros, hacer archivos, ser locutor en programas de radio, formar parte de los artistas becados de Holanda, y ser impulsor y participante activo de movimientos como el Mail Art, él no quiso saber nada de museos, ni de instituciones, ni de condecoraciones. Se convirtió en un artista underground por voluntad propia, decidido a hacer lo que quisiera y no lo que se esperaba de él en un primer momento como joven promesa de la literatura en México.

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Somos conscientes de la paradoja que supone meter a Ulises en un museo. Sabemos que en su tiempo esto no es esto lo que él buscó para presentar su obra, y estoy seguro que él, si hubiese querido, podría haber trabajado con museos de Holanda, que en ese momento eran los más liberales y abiertos. Pero no lo hizo y Ulises enseñó que cualquiera podía crear su museo, su arte y su archivo. Aunque es una paradoja, los museos de hoy tienen que abrirse también a aquellos que han contestado al museo y que han añadido experiencias distintas al arte porque si no, no habría otra manera de conocerlos para la mayoría de las personas.

Paradojas imposibles de resolver pero que con respecto a Carrión y su obra están muy lejos de ser contradictorias: Ulises Carrión fue un escritor que escribió sin escribir porque los formatos que usaba no están todavía considerados “alta literatura”, y fue un gran artista sin ser considerado tal porque no quiso formar parte de los principales circuitos del arte. Y si esto a veces es una contradicción para la mayoría es porque ni a 28 años de la muerte de Ulises estamos preparados para recibir y entender su pionera obra.

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Invitación a la exposición Stamp Art, 1976. Estampación sobre papel.
 Archivo Lafuente

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