Un grupo de personas (incluido tú) se reúne obligatoriamente en un encuentro de participación ciudadana. Por haberse negado a ser funcionarios de casilla, a modo de multa tienen que pasar 12 horas en una sala, entre extraños, a trabajar su entusiasmo.

De pronto te encuentras allí, sentado en círculo en una sala con olor a café y a reunión burocrática, inseguro por no saber quién es actor, quién espectador y tu lugar en la sala. El Dr. Pandas guía la reunión y ante la obvia apatía de todos, propone una salida poco ortodoxa: actuar como pacientes de Síndrome de Tourette (o la enfermedad de los tics).

El texto es creación del dramaturgo y actor David Gaitán y Alonso Ruizpalacios –guionista de Güeros y Museo que recién ganó el Oso de Plata al mejor guión– y se desarrolla entre fragmentos clínicos del gran Oliver Sacks sobre un caso serio de Síndrome de Tourette: el del cirujano Carl Bennet, quien a pesar de tener todo tipo de tics gestuales, corporales y orales, pilotea su avión y coge el bisturí con precisión paradójica.

reincidentes

Mientras, los personajes, todos con rasgos y comportamientos particularmente genéricos –el vendedor, el estudiante engreído, la sabelotodo, la actriz, el viejo culto– poco a poco ceden al placer de sus impulsos, de la repetición y la liberación de energía. Otra vez, de pronto te encuentras entre la risa y la ansiedad, señalando al enfermo con temor a no señalarte a ti mismo. Esto es quizás lo mejor de la obra: que uno se llega a ver en ellos y los límites entre la supuesta locura y cordura se sienten frágiles. El impulso está siempre latente, pero no siempre lo consideramos.

Reincidir significa volver a caer, cometer un error de nueva cuenta. Repetir. La placentera repetición que es ritmo y se vuelve familiar. Como un tic. Todos reincidimos, constantemente.

Durante toda su carrera Sacks se hizo (y nos hace) la pregunta sobre los prejuicios de la enfermedad. De cierta forma sus libros –obras maestras de la divulgación científica– abrieron la posibilidad de entender distinto las nociones de “normalidad”. Un conocimiento que como consecuencia hace un mundo menos excluyente. El término capacidades diferentes, ya tan correcto, tan institucionalizado, no siempre fue tan obvio. Es cierto que ahora es más común, pero los prejuicios hacia la enfermedad también.

La obra es algo larga: son dos –delirantes y suficientes– horas de función para replantearnos la certeza de nuestra salud mental.

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