3 de julio 2016
Por: Mariela Flores

El Museo de la Tortura es un escaparate de la perversidad humana

Alrededor de 70 instrumentos de tortura y humillación se muestran en este museo como un esbozo del control y represión inquisitivos.

Nada ha cambiado.
El cuerpo es doloroso,
necesita comer, respirar y dormir,
tiene piel fina y, debajo, sangre,
tiene buenas reservas de dientes y de uñas,
huesos quebradizos, articulaciones dúctiles.
Para las torturas todo se tiene en cuenta.

—Wislawa Symborska

 

Para que un reo de la Inquisición confesara, era colocado sobre una tabla con sus extremidades atadas a cuerdas que el verdugo jalaba con una polea, gradualmente. Cada pregunta que éste no respondía suponía un giro a la polea, que mordía la carne de la víctima, dislocaba sus huesos, o incluso los desmembraba. Este instrumento de tortura se llamó potro, fue de los más comunes y es uno de los 70 que se pueden ver en el Museo de la Tortura.

Entre la Edad Media y el siglo XIX, en nombre de la verdad, la Santa Inquisición castigó a los herejes con crueles métodos de tortura; a todos los viciosos, a los desviados y ofensores de la religión oficial, a los apóstatas, excomulgados, judíos, protestantes, brujas, blasfemos, homosexuales, borrachos, adúlteros, estafadores, embusteros, indígenas, espiritistas, esclavos… Todos ellos, que representaban una amenaza a su poder, servían para “legitimizar” su crueldad, y permitir consumar los fines (y deseos) más perversos de la Iglesia o Estado.

El aire del Museo de la Tortura es denso. Sus vitrinas son escaparates de la perversidad humana. Hay objetos de tortura, humillación, pena de muerte, métodos usados exclusivamente contra la mujer, y hasta extraños objetos que quedan difusos entre la leyenda y la realidad, como el cinturón de la castidad o la vampiresca doncella de hierro –un ataúd antropomorfo con clavos de hierro en su interior.

Dejamos aquí una lista de los siniestros instrumentos que forman parte de la colección de este museo.

Objetos de tortura

Los objetos y métodos exclusivamente de tortura se utilizaban como castigo y para confesiones. Era importante mantener vivas a las víctimas; entre más largo y doloroso el suplicio, mejor.

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1. Cuna de judas:

El verdugo dejaba caer a la víctima sobre este asiento con forma de pirámide las veces que fuera necesario.

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2. La rueda de hierro:

El reo era colocado alrededor de una rueda de hierro que desarticulaba cada uno de sus huesos. Esto daba inicio a una muerte lenta, que terminaba con ahorcamiento, quema o decapitación pública.

© Michaela Hanykýřová | Own work, CC BY-SA 4.0

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Artilugios creados específicamente para torturar mujeres

La Inquisición fue una época especialmente oscura para la mujer (según el museo, comprendían el 85% de las víctimas).

1. La máscara infame:

Infieles, prostitutas y brujas eran encerradas en máscaras de hierro con orejas de burro y bozales con picos que destruían la boca. Así eran expuestas en las plazas públicas, a merced de la cruel multitud que las humillaba y maltrataba, algunas veces hasta la muerte.

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2. Desgarrador de senos:

Como su nombre fríamente lo señala, estas tenazas con puntas afiladas se aplicaban ardientes o frías en los senos de la mujer hasta desgarrarlos.

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Pena capital

La ejecución fue por mucho tiempo un espectáculo de entretenimiento y de adoctrinamiento. Su función era la eliminación de la víctima, que generalmente ya había pasado por largos tormentos. Los métodos más usados eran:

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1. Guillotina:

Con esta máquina ejecutaron a Luis XVI y se volvió muy común después de la Revolución francesa. Este era el método de pena capital por excelencia: el culpable moría rápido con los ojos del pueblo sobre él.

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2. Aplasta cabezas:

La barbilla de la víctima se colocaba en la barra y el casco se presionaba hasta destrozar dientes, mandíbula y finalmente los sesos, que escurrían por las cavidades de los ojos.

Aunque la mayoría de los visitantes ven interesante el recorrido, hay quienes apenas logran terminarlo. A modo de catarsis, algunos ríen nerviosamente, lloran, se marean o hasta vomitan, pues aunque esos objetos se posen frente a uno como piezas arqueológicas, distantes y monstruosas, quizá el tiempo es la única distancia real entre ellos y nosotros. En nombre de verdades, seguimos siendo parte de un juego oscilante de víctimas y verdugos de nunca acabar. Una inminente condición humana.

Este extrañísimo museo vale la pena por su enorme y curioso acervo de invenciones. Pero también porque es capaz de activar nuestra imaginación para darle vida a la historia. Como lo dijo el periodista Adam Gopnik:

Si no puedes imaginar el horror de ser quemado vivo, entonces, por decirlo, no has vivido.

Horario: lunes a domingo de 10 a 18 horas
Teléfono: 5512 4620
FB: Museo de la Tortura
Admisión: adultos 60 pesos, menores de 7 a 13 años: 45 pesos. Estudiantes y profesores con credencial vigente 45 pesos. Tercera Edad 45 pesos. Menores de 6 años entrada libre
Zona 1: El primer cuadro
Dirección: Tacuba 15, Centro


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