hibridos
10 de abril 2018
Por: Carolina Peralta

Híbridos: la expo sobre cuerpos quiméricos y monstruosos en Bellas Artes

Hasta finales de mayo el Palacio de Bellas Artes albergará los monstruos que han acompañado al hombre a lo largo de su historia.

En la mitología griega la Esfinge era un demonio con rostro de mujer, cuerpo de león y alas de ave. Presagiaba destrucción y mala suerte. Algunos autores como Hesíodo aseguraban que era hija de Quimera, un “animal fabuloso” que representaban como un monstruo de tres cabezas: una de león, otra de cabrío, que salía del lomo, y la última de dragón o serpiente, que nacía en la cola.

Hombre murciélago.

Desde siempre, las distintas culturas, con sus cosmovisiones, idiosincrasias e imaginarios, han hecho surgir a inquietantes seres híbridos. Creaciones quiméricas imposibles que son una mezcla de rasgos humanos con otras especies que le rodean: animales, vegetales o más recientemente máquinas. El híbrido es lo completamente otro pero que nos recuerda a nosotros.

Hasta su abuelo, Francisco Goya.

A partir del coloquio homónimo que se llevó a cabo en 2016, el Palacio de Bellas Artes trae Híbridos, el cuerpo como imaginario, que es un cruce entre arte y antropología: las diferentes representaciones de lo monstruoso, parte intrínseca del humano, que si bien habitan en el imaginario, encuentran la realidad en la representación; en el arte.

Marc Chagall.

Esfinge, centauro, sirenas o tritones. Pero también la coatlicue, tlaloc o el dios muerciélago maya. O los ángeles y el mayor de los monstruos occidentales, el diablo, invaden las salas de este museo que son un recorrido por estos híbridos que somos nosotros mismos.

Entrada de Don Jesús Luján, Julio Ruelas.

Híbridos, el cuerpo como imaginario comienza por figuras prehistóricas y mitológicas y continúa por las representaciones del mal en Occidente, para finalmente llegar al arte híbrido, cuyo principio no es muy distinto: se refiere a aquel que confronta los límites de los géneros artísticos y categorías de su práctica. Una hibridación de imágenes, su “unión inesperada” que es un acto de la imaginación, y demuestran que en el arte –como en todo– no existe la pureza, sino justamente, puras quimeras.

Adoración del becerro, Francis Picabia.

Cremaster, Matthew Barney.

Ya lo dijo Salustio –y nos lo recuerda Calasso como epígrafe de Las bodas de Cadmo y Harmonia, que vuelve a la mitología griega de la manera más sencilla y hermosa: los mitos son “estas cosas que jamás sucedieron, pero existen siempre”.

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