27 de septiembre 2018
Por: Lucia OMR

El palacio de las máscaras: miles de máscaras en una casona en la Lagunilla

En el corazón del barrio de La Lagunilla está la Galería Eugenio, un espacio de conservación, exhibición y venta de máscaras del arte popular mexicano.

Hay una casa porfiriana que sobrevive orgullosa en la calle de Ignacio Allende en el corazón de La Lagunilla. Allí se ubica la Galería Eugenio, conocida también como el Palacio de las Máscaras, que conserva una increíble colección de más de 5 mil máscaras del arte popular mexicano. Las máscaras están colgadas en hileras y ocupan casi todo el espacio de las paredes blancas y desgastadas de las habitaciones de aquella vieja casona. Representaciones de animales, diablos, dragones, ángeles y otras figuras míticas que participan en la lucha entre el bien y el mal están expuestas allí desde hace más de 60 años para el deleite de visitantes y para ofrecerse a la venta.

El señor Eugenio Sosa Rodríguez fue el creador de esta colección y dueño de esta casa. Él pasó de ser marino a convertirse en un apasionado investigador y coleccionista de máscaras, además de catedrático y patrono de artesanos. Su obsesión y su especialidad fueron las máscaras del estado de Guerrero. Fundó la Galería Eugenio en 1963 para atesorar su colección que originalmente constaba de más de 15 mil elementos. Manejó la galería hasta su muerte en el 2000 y ahora son su sobrino, Mario Édgar Badillo Sosa, y su hermana, Patricia Sosa, los que cuidan y alimentan la colección y promueven la venta de las máscaras.

Las máscaras del arte popular mexicano se usan tradicionalmente en ritos, para pedir, por ejemplo, una buena cosecha o para utilizarse en alguna danza y/o carnaval. También son decoración.

Casi todas las máscaras de la colección de la Galería Eugenio vienen de las manos de artesanos de Guerrero, de Michoacán, Puebla y Oaxaca. En su mayoría están hechas de madera, aunque también hay de barro, de lámina de cobre, de piedra y de piel. Todas están pintadas a mano y curadas para evitar la polilla y otras plagas. Algunas tienen aplicaciones de hueso, crin de caballo, ojos de cristal, semillas, concha nacar, cuernos de animal y/o piel.

Cómo todas están hechas a mano, ninguna es igual a otra. Es decir, cada una es única e irrepetible. El trabajo detrás de cada una es de alta calidad, hecho por artesanos reconocidos. Incluso traen la firma de su creador al reverso. Aunque la tradición de hacer y usar estas máscaras es milenaria, las más viejas en la colección son de finales de la década de los setenta. Los precios oscilan entre los 150 y los 15 mil pesos.

Vale la pena darse una vuelta a La Lagunilla para visitar la Galería Eugenio. Uno puede recorrer las habitaciones de la casa porfiriana (que por suerte no ha sido restaurada y por lo tanto conserva su encanto original) y ver la exposición bajo la mirada curiosa de las máscaras. Igual entre las 5 mil máscaras hay una máscara que te pertenece a ti.

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