carrington
3 de mayo 2018
Por: Lucia OMR

Llegan al MAM 200 piezas de la artista hechicera, Leonora Carrington

Leonora Carrington en el MAM es un acontecimiento. Es un reflejo de cómo integró sus más surrealistas obsesiones y su vida cotidiana en México a su obra plástica, y es la primera vez, por ejemplo, que vemos sus cartas de tarot.

Leonora Carrington escribió que la tarea del ojo derecho es mirar dentro de un telescopio, mientras que el izquierdo hace lo mismo pero en un microscopio. Poseía una manera única de entender al mundo y así fue creando una obra plástica con mundos fantásticos poblados de hombres pájaros, personajes con antifaces antropomórficos, triadas de diosas hechiceras, caballos blancos, minotauros, laberintos, paisajes oníricos y un sinfín de símbolos de la magia, la alquimia, las religiones y la astrología, que han llegado al Museo de Arte Moderno (MAM), de la Ciudad de México.

En 24 años es la retrospectiva más grande que se hace de la artista surrealista, fallecida en 2011, con lo que concluyen los festejos del centenario de su nacimiento. “Leonora Carrington: Cuentos mágicos” está compuesta por 200 piezas provenientes de 65 colecciones privadas y públicas, como la de Edward James, el británico que llegó a tener 100 piezas suyas y le organizó su primera exposición en la Matisse Gallery de Nueva York en 1948. La muestra abarca sus diferentes facetas, de la pintura y la escultura, hasta sus breves incursiones en el cine con cineastas como Alberto Isaac, o en el teatro con obras como Penélope, dirigida en 1957 por Alejandro Jodorowsky. Una retrospectiva que expone la mirada de una proto feminista y proto ecologista, mucho antes que todas las luchas y movimientos.

Bajo la curaduría de Tere Arcq y Stefan van Raay, la exposición cubre toda la planta baja del MAM. Piezas que recuentan su historia, sus primeros cuadros en Europa, cuando llegó a México en el exilio y Lázaro Cárdenas abrió las fronteras del país para refugiados españoles y curios intelectuales que huían de una Europa en guerra, así como el último cuadro que pintó antes de morir.

Hija de una familia acaudalada de Inglaterra, donde su padre tuvo una manufactura de algodón, su imaginación se nutrió de los cuentos y mitos de Irlanda que le transmitieron su madre, su abuela y su nana irlandesas, de la lectura de clásicos ingleses como Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, así como de La diosa blanca, de Robert Graves.

Algunas de las piezas que trajeron:

Se expone La posada del caballo del alba (Autorretrato), óleo sobre tela, una pintura de 1937 en el que aparece Carrington, y coincide con los años de su relación con Marx Ernst. “Ella vive con él en París y en Saint-Martin-d’Ardèche, al sur de Francia, entre el 1937 y el inicio de la Guerra Mundial. Tiempo en el que ella estuvo rodeada de artistas como Picasso y André Bretón, París era el centro del arte mundial”, dice el curador Stefan van Raay. “Es un retrato con mucho simbolismo, con un caballo blanco que era su alter ego”.

La guerra los separa y Carrington se traslada a España, donde sufre un colapso nervioso. Una vez recuperada, se encuentra en Madrid con el poeta, escritor y diplomático mexicano Renato Leduc, con quien se casa para escapar de una Europa devastada. “Fue un hombre increíble. Partió por el norte con Pancho Villa, y era diplomático en la Embajada de México en París. Lo conoció porque Leduc era muy cercano a Picasso. Leonora no quería regresar a Inglaterra y quería estar lejos de los nazis. Así que él es la razón por la que llega a México”, dice Van Raay.

La muestra expone los vínculos que Carrington tuvo en el país. Sus colaboraciones con la fotógrafa húngara Kati Horna o la pintora española Remedios Varo, también en el exilio. Las tres aparecen en el cuadro Tres mujeres y cuervos en la mesa, de 1951, óleo sobre tela, que muestra el retrato metafórico de tres brujas interesadas en el estudio esotérico, haciendo un ritual alrededor de una mesa. Para sus curadores, refleja el vínculo que existió entre Horna, Varo y Carrington.

“Hicieron un circulo cercano donde además de apoyarse y ayudarse, compartían casas, como la de la calle de Gavino Barrera, no tenían con qué vivir, hicieron trabajos comerciales para salir adelante, colaboraciones entre ellos”, dice Arcq.

Un ejemplo es la cuna que se expone en el MAM, que talló José Horna, escultor español y esposo de Kati, y que Carrington pintó con escenas de cuentos de hadas. Otro ejemplo son las muñecas Sin título (Muñeca pájaro), de 1950, y Diosa blanca, de 1960, que aparecen en muchísimas fotografías de la obra de Horna. Para Carrington estas muñecas eran talismanes, una suerte de fetiches.

Su colección completa de 22 cartas de Tarot

Finalmente, es la primera vez que vemos sus cartas de tarot, Colección completa de 22 cartas de Tarot, de 1950, cartulinas con pintura témpera con hoja de oro y plata. “El tarot fue una cosa muy popular con Leonora y sus amigos como María Félix o Alejandro Jodorowsky. Porque ella fue la maestra de Jodorowsky en el tarot. Hacían sesiones en la cocina de Leonora, cuando ella ya estaba casada con Chiki Weiz, padre de sus hijos”, cuenta Arcq.

Leonora Carrington en el MAM es un acontecimiento. Esta exposición es un reflejo de cómo integró sus más surrealistas obsesiones y su vida cotidiana en México a su obra plástica. “Cambió hasta su propia historia de forma subversiva, siempre con una imaginación increíble”, concluye la curadora.

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