Escuela de la Paz
18 de febrero 2019
Por: Andrea Cinta

Escuela de la Paz: una enorme casa en la Escandón que ahora es madre adoptiva de los mejores proyectos de arte

Escuela de la Paz es un nuevo espacio artístico y cultural que abrió sus puertas hace poco, en una casa inmensa, laberíntica y azul de la Escandón.

Los proyectos responden a las características de los espacios que los contienen. Si los espacios son inmensos y generosos, los proyectos se vuelven así de vastos; en su alcance y sus propuestas. Eso pasa en Escuela de la Paz, un nuevo espacio artístico y cultural en la colonia Escandón.

Escuela de la Paz es a un tiempo el lugar físico –una hermosa casa de escaleras y cuartos en sitios imposibles– y un aglutinador de varios proyectos. Surgió por la invitación de Estudio Tacubaya, un despacho arquitectónico, a Mauro Giaconi, uno de los socios de Obrera Centro. La idea era desarrollar un proyecto en esa casa que llevaba algunos años abandonada, después de que el colegio de monjas salesianas que la ocupaba cerrara sus puertas.

A finales del año pasado, al tiempo que continuaban las pláticas para Escuela de la Paz, Obrera Centro tuvo que desocupar su local del Centro Histórico, y en esa brecha mínima e improbable llegó la oportunidad de hacer algo más grande. Así es como la casa laberíntica y azul de la Escandón se convirtió en un afortunado ejercicio que reunió a un grupo increíble de personas.

Mauro Giaconi y Marcos Castro, de Obrera Centro, fueron los encargados de hacer una suerte de reclutamiento de iniciativas que, por razones fortuitas, también habían perdido el local que los hospedaba o buscaban un lugar para poner su taller/estudio. Así es como Escuela de la Paz se llenó a un tiempo de lugares como la Herrateca, proyecto paralelo de Obrera Centro; Galería Ethra que justo ahora tiene una exposición de Marjan Teeuwen; BLISS, una investigación estética de los artificios femeninos que reúne a varias artistas (y vive en forma de un salón de belleza/exposición en la planta baja) o Monkey Town, que realiza en el patio sus cenas y proyecciones.

Escuela de la Paz también inició un proyecto de residencias para artistas locales, que tienen ahí sus estudios. Están La Hervidera, LADRÓN galería, Cristian Camacho, que trabajaba en el programa educativo de Museo Jumex e Instituto Alumnos, la RRD, Ana Gallardo o Abraham González, entre otros. Ellos trabajan para desarrollar, muy pronto, un programa educativo público.

Habitar juntos un espacio en común demanda una convivencia enorme, que para un grupo diferente de personas sería una suerte de penitencia. Para el grupo peculiar que ocupa Escuela de la Paz (y los que vamos conociendo el proyecto) es la mejor suerte. Entre tanto cruce cotidiano de procesos creativos, ideas, disciplinas e intereses la casa es un espacio vivo, delicioso y laberíntico, para perderse entre cuartos de colores primarios, escaleras en sitios extraños y una enorme azotea.

En Escuela de la Paz cada quien renovó sus proyectos con un aire más fresco y alimentado por una casa en la que parece que siempre está pasando algo. Marcos y Mauro cuentan que en realidad todo pasó naturalmente, en un tiempo afortunado y compartido. Y la Escuela de la Paz la activaron todos juntos.

Ahora hay dos exposiciones que pueden visitarse en todos los días de 11 a 18 hrs, las cenas de Monkey Town por las noches, la cocina abierta de Obrera Centro o las herramientas justas de la Herrateca, entre muchas otras cosas. Pronto habrán talleres de dibujo, cerámica, pintura, teatro o lo que se les ocurra. Al fin y al cabo, todos los involucrados parecen compartir una premisa clara: que ahí puede pasar cualquier cosa.

La Escuela de la Paz abrió sus puertas hace unas semanas, como un lugar generoso que invita a todos a sacarle el mayor provecho. La casa que habita es temporal; será demolida, nadie tiene claro cuando, pero un día. Así que el mismo impulso de lo efímero mueve a todos a trabajar más constante, con más ganas. Y a los que no estamos ahí a visitarlos pronto para perderse un poco entre sus pasillos. A visitarlos ya.

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